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    Qué he hecho y qué he aprendido en 2020

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    Después de 20 años emprendiendo, este año había tomado la decisión de tomarme un periodo de reflexión, de centrarme en divulgar mis conocimientos y de pasar más tiempo con mis seres queridos. Algunas de estas cosas se han cumplido, y otras no. En este post despido el año con una valoración personal de las cosas que han ocurrido, desvelo el significado de mi marca personal y, sobre todo, comparto las lecciones que he aprendido en este 2020 (quién ya conozca mi historia de este año puede ir directamente al final del artículo).

    Cuando comencé el año 2020 lo visualizaba totalmente diferente a los anteriores, acababa de finalizar una etapa importante y me disponía a comenzar una nueva. Quería llevar una vida lo más equilibrada posible y centrarme en mi propósito: evolucionar la humanidad mediante la tecnología, el cambio social y el amor. Y quería hacerlo de un modo auténtico, conectado con quién realmente soy, sin tener que seguir estrategias o valores que no estaban alineados conmigo.

    En primer lugar, quería dedicarle tiempo a mi vida personal y pasar más tiempo con las personas a las que quiero. También quería dar algunas conferencias para contar mi experiencia de los últimos años, de manera que pudiera inspirar a personas en temas relacionados a mi propósito. Y por último, quería dedicarle tiempo a terminar algún que otro proyecto personal que tenía aparcado.

    En definitiva, había decidido ser yo mismo y tenía la suerte de poder hacerlo.

    Todo iba según el plan previsto, estábamos ya en el mes de marzo, acababa de pasar unos días con mi hija, me encontraba con mi pareja Andrea y en pocos días tenía que dar una conferencia sobre mi último libro ‘Propósito Transformador Masivo’ (escrito junto a Ángel María Herrera y con prólogo de Jason Silva). Me hacía especial ilusión, ya que era una conferencia que iba a dar con mi buen amigo y gran pianista compositor David Montañes, en la que los asistentes iban a tener la oportunidad de asistir a una obra muy emocional que les conectaría con su propósito, de manera que podrían experimentar una pequeña (o gran) evolución personal en ese mismo momento, mientras eran sacudidos por las emociones del momento (aquí podéis ver una pequeña muestra conceptual y musical de la obra – que algún día verá la luz finalmente).

    Pero el 12 de marzo recibí una llamada en la que me decían que la conferencia que tenía que dar el día 19 se había cancelado. Y ahí comenzó todo.

    Después de la desilusión inicial, me puse a pensar si había algo que se pudiera hacer para remediar aquello que había pasado. Evidentemente no podía evitar que la conferencia se cancelase, pero si tenía la sensación de que se podía hacer algo para que, de algún modo, la energía, la ilusión y el impacto que aquella conferencia iba a tener en las personas que atendieran, no se esfumase. Y las sensaciones negativas, de un momento a otro, se convirtieron en todo lo contrario. Empecé a sentir dentro de mí una fuerza, un calor, una energía, que era totalmente imposible de parar, y mucho menos de ignorar.

    El propósito es imparable, la energía seguía dentro de mí, como la misma fuerza que sigue expandiendo el Universo después del Big Bang.

    En ese mismo instante, en la mañana del día 12 de marzo, decidí que iba a lanzar un reto a través de Internet para que cualquier persona que lo desease pudiera crear y lanzar iniciativas que ayudasen a frenar el COVID-19 y/o sus consecuencias. No lo pensé ni un minuto más, y me puse a actuar. Cree una página web para organizar el reto global y lancé el primer Reto Global COVID-19, en el que ofrecí formación en tecnologías y en metodologías de innovación para todas las personas que se inscribieran.

    El día 19 de marzo, el mismo que iba a ser mi conferencia original, tuvo lugar el Reto Global COVID-19 en el que participaron más de 350 personas de más de 20 países y se generaron más de 20 iniciativas innovadoras para luchar contra el COVID-19.

    Después del éxito de este primer reto, Paul Epping me propuso replicar el Reto en Emiratos Árabes. No lo dudé ni un momento, le dije que por supuesto, que yo le ayudaría a montar la página web y que le daría todo lo que yo había creado para el primer reto. Al reto de Emiratos Árabes le surgieron muchos otros, en Chile, España, Perú, Colombia, etc.

    Cuando hablaba con los participantes de estos retos, siempre me decían lo mismo: ‘Francisco, me parece increíble, gracias al reto he descubierto que tengo la capacidad de generar y desarrollar ideas que impacten el mundo”. Las personas despertaban, las personas se daban cuenta del poder que cualquiera de nosotros tiene hoy en día, gracias a las tecnologías y al poder de la comunidad.

    Mi propósito seguía con fuerza, todo aquello que estaba haciendo realmente estaba consiguiendo evolucionar a las personas, hacerlas más conscientes de su potencial real.

    Y así surgió Purpose Alliance, una comunidad global para empoderar a personas extraordinarias a crear el futuro. Purpose Alliance no surgió solamente de mi, surgió de Andrea, surgió de Scally, surgió de Corina, surgió de Soledad, surgió de Sanjay, surgió de Vittorio, surgió de Edwin, surgió de Clarence, surgió de Luis, surgió de Crystal, surgió de Paco, surgió de Cristiane, surgió de Eric, surgió de Pepe, surgió de José Luis, y de muchas personas más. Purpose Alliance surgió por parte de la propia comunidad que la impulsó, surgió de un montón de trocitos del universo que querían unirse para seguir evolucionando nuestro mundo, y hacerlo un poco mejor.

    Poco después habíamos organizado más de 25 retos en distintos países, para crear el futuro del trabajo, el futuro de la educación e incluso el futuro del planeta. Más de 300 iniciativas surgieron como resultado de todos estos eventos globales.

    La energía del propósito seguía multiplicándose. De hecho, ya no era solamente yo, todo seguía creciendo impulsado por la propia comunidad.

    ¿Y ahora qué? Pronto me di cuenta de que estas iniciativas, que eran ideas en fase inicial, no llegarían a ningún sitio por si solas. Era necesario hacer algo más, había que terminar lo que habíamos empezado. Así que decidí cerrar el círculo con todos los ingredientes necesarios:

    • Purpose Alliance, la comunidad de doers que había surgido a partir de los retos para crear un mejor futuro en distintas áreas. Complementamos los retos con programas de certificación, para que aquellas personas que tengan interés en profundizar más en las metodologías de innovación puedan hacerlo. Y poco a poco, la comunidad empezó a definir su propia identidad, atrayendo y seleccionando a las personas que realmente estaban alineadas con su propósito. Hoy en día la comunidad tiene una fuerza increíble, impulsando por si sola retos en todo el mundo y generando iniciativas innovadoras de alto impacto.

    • Purpose Launchpad, una mentalidad y metodología en la que había estado trabajando desde 2011 y que combinaba el estado de arte de todas las metodologías de innovación existentes. Purpose Launchpad se centra en ayudar a innovadores y emprendedores a generar y/o a evolucionar ideas en fase temprana en organizaciones orientadas a propósito para crear un impacto masivo. En la última fase del desarrollo de la metodología abrí el proceso y a más de 150 contribuidores de todo el mundo que aportaron su feedback antes de hacer pública y abierta la metodología al mundo entero el 1 de julio. Y también lancé un programa para certificar a Mentores Purpose Launchpad, con el objetivo de trabajar de manera muy cercana con grupos reducidos de personas que puedan ayudar a emprendedores y organizaciones a crear un impacto masivo.

    • Purpose Evolver, centrada en dar apoyo a las iniciativas surgidas de los retos a través del apoyo de Mentores Certificados Purpose Launchpad, de miembros de la comunidad de Purpose Alliance que ofrecen ayuda directa a las iniciativas e inversores orientados a propósito. Purpose Evolver también es un proyecto impulsado directamente por la comunidad y con un enfoque que disrumpe los modelos tradicionales de las aceleradoras de startup (pronto publicaré cómo en un próximo post).

    Está claro que el año 2020 no ha sido lo que esperaba inicialmente. Los planes iniciales de centrarme en dar conferencias se esfumaron con la pandemia, al igual que para muchas otras personas. Todos, de un modo u otro, hemos tenido un año muy distinto al imaginado inicialmente.

    Lo que sí pude hacer fue reconectar conmigo mismo, con mi esencia e impulsar iniciativas conectadas a mi propósito. Hacerlo junto a personas maravillosas que han permitido que todo sea posible. Hacerlo con el equilibrio personal que buscaba.

    Y mi propósito, la estrella polar que guía el camino de todas las personas, se mantuvo en el mismo lugar. Cambió el camino, pero no el destino.

    De hecho, a comienzos de este año lancé mi marca personal, que siempre ha tenido un significado muy profundo, y que explico por primera vez de manera pública a continuación.

    Como se puede observar en la imagen, la marca consiste en dos elementos: un círculo y una estrella. El círculo realmente no es un círculo, es una letra ‘O’, que es la última letra de mi nombre y de mi apellido, y representa mi esencia, a mi mismo. La estrella representa mi propósito, mi destino.

    Una vez que se tiene claro un propósito, da igual qué ocurra, da igual qué hagamos, hagamos lo que hagamos ya no podremos evitar seguir el camino que marca nuestro destino. Esta ha sido mi lección más importante de este año.

    Sin embargo, no todo ha sido fácil, por el camino he aprendido mucho y me gustaría terminar este post con las doce lecciones más importantes que me ha dado este año 2020:

    • El poder del propósito, una fuerza de energía imparable. Todavía recuerdo aquella sensación que tuve cuando decidí lanzar el primer reto global para ayudar con el COVID-19. Esa fuerza interior, esa energía, ese impulso inevitable que me susurraba en mi interior animándome a hacer lo que hice, y que al mismo tiempo me empujaba con fuerza hacia lo que no podía dejar de hacer. Cuando sintáis esa fuerza, cuando sentís que tenéis que hacer algo trascendente, hacedlo sin dudarlo, porque seguramente estéis en este mundo para hacerlo.

    • Las palabras por si solas no valen nada, son las acciones las que importan. Todos conocemos personas, organizaciones y comunidades que dicen ser de una manera, y realmente son de otra. De nada sirve utilizar la palabra ‘impacto’ si por encima de eso hay solamente intereses económicos o de rentabilidad a inversores. De nada sirve utilizar la palabra ‘doer’ si nos quedamos en intenciones vacías. El poder de la palabra y de la comunicación es innegable (por eso creamos el manifesto de la comunidad Purpose Alliance, que comunica de manera transparente nuestra identidad), pero al final lo que realmente cuenta no son las palabras, sino los hechos.

    • Las personas que hacen cosas son aquellas que cambian el mundo. Por encima de los países, por encima de los políticos, por encima de las personas famosas, por encima de las personas con puestos de responsabilidad, por encima de las grandes empresas, por encima de los grandes directivos, por encima de todo las personas que realmente toman acción y hacen cosas son las que cambiamos el mundo. El futuro lo escribirán las personas que hacen, los doers.

    • Rodéate de las personas que creen en ti y que están alineadas con tu propósito y valores. Todo el mundo sabe que es fundamental rodearse de las personas adecuadas. ¿Pero cuáles son? Conocer a las personas no es sencillo, a veces uno tarda toda una vida en hacerlo. Algo que nos puede ayudar a hacerlo es conocer los objetivos de las personas, sus valores y si están alineadas o no a nuestro propósito. El tiempo suele llevar a cada persona a su lugar, pero si somos capaces de entender esto y adelantarnos al destino, ganaremos mucho tiempo.

    • No hay mal que por bien no venga. Ya lo decía mi abuelo y así era. COVID-19 ha sido (y sigue siendo) un problema global que ha impactado el mundo entero. Pero gracias a esta pandemia global surgió Purpose Alliance, fuimos capaces de convertir un reto en una oportunidad. Inspiramos a miles de personas de todo el mundo a crear soluciones innovadoras, que están generando un impacto positivo que irá mucho más allá de todo lo que pueda destruir la pandemia. Hemos surgido del caos para re-inventar el mundo y hacerlo mejor.

    • Las tecnologías e Internet no nos desconectan de los demás, sino que nos permiten estar conectados. A pesar de que muchas personas han venido diciendo que la tecnología, los teléfonos y otros dispositivos nos desconectan, la realidad es que si no hubiera sido por las tecnologías actuales la pandemia y los periodos de confinamiento nos habría aislado totalmente entre nosotros. Sin embargo, gracias a estas tecnologías hemos seguido todos conectados y, no solo eso, también hemos sido capaces de seguir trabajando todos a distancia por un futuro mejor para todos.

    • Quedarse en casa (solamente) no ha sido suficiente. Ya lo expresé al comienzo de la pandemia en un breve video, titulado ‘quédate en casa y actúa’, todos nosotros tenemos el potencial de crear algo positivo para el mundo. Todos podíamos hacer algo más que quedarnos en casa. Todos nosotros podemos actuar.

    • La mentalidad es la clave para adaptarse y para tener éxito. No es una cuestión de recursos, ni si quiera de inteligencia. Ya lo decía Darwin, no es la especie más fuerte ni la más inteligente sino la que mejor se adapta la que sobrevive. Y eso (la adaptación) ha sido lo que me permitió ver más allá del problema y el reto que significó la pandemia, y crear algo de la nada que reinvento el futuro de muchísimas personas y el mío propio.

    • Lo más arriesgado es no arriesgar. Quedarse parado para ver qué nos depara el futuro, seguir haciendo lo que siempre hemos hecho con la esperanza de que todo mejore o limitarse a reducir costes hasta que pasen las crisis que nos azotan es lo más arriesgado que podemos hacer, porque dejamos nuestro destino en manos del imprevisible futuro. Sin embargo, si arriesgamos, si invertimos, nuestro tiempo, nuestro dinero, en construir nuestro propio camino, podremos dirigir nuestro futuro hacia allá donde queramos.

    • El equilibrio es clave, sin equilibrio nos caemos. Somos seres complejos, tenemos necesidades de distintos tipos y tenemos que saber satisfacerlas todas. Necesidades fisiológicas (comer bien, dormir bien, etc.), necesidades sociales (estar conectados con las personas importantes para nosotros) y, entre otras, el propósito – la autorrealización – también es una necesidad. En nuestra vida, en nuestro día a día, necesitamos un poco de todas ellas. Como ocurre al andar, el equilibrio en la vida es fundamental para seguir en pie. Y después de este año puedo asegurar que es posible soñar, tener un propósito, y al mismo tiempo mantener el equilibrio como personas completas.

    • Tenemos que soñar con los pies en la tierra. Tan importante es soñar en grande, como hacer que sucedan las cosas de un modo realista. Eventualmente todo puede conseguirse. Eventualmente todo sueño será alcanzado. Pero tenemos que hacerlo a través del camino adecuado.

    • El futuro no puede predecirse, el futuro solo puede construirse. Si esto no estaba suficientemente claro para algunos, la pandemia originada por el COVID-19 nos lo ha dejado claro. ¿Quién iba a imaginar hace algo más de un año que todo esto iba a ocurrir? Nadie. Sin embargo, todos tenemos la capacidad de imaginar de alguna manera el futuro. Todos tenemos un propósito, un destino. Y aunque nos obliguen a cambiar el camino, siempre encontraremos la manera de llegar a nuestro destino, de construir nuestro propio futuro.